Premio Nobel a Paul Romer
Manuel Sánchez González

Autor de Economía Mexicana para Desencantados (Fondo de Cultura Económica, 2006).



Este año, la Real Academia de las Ciencias de Suecia otorgó el Premio Nobel de Economía a Paul Romer. Esta distinción, sin duda merecida, me es especialmente grata por tratarse de un compañero en los estudios doctorales de la Universidad de Chicago.

Paul Romer es un extraordinario economista cuyo trabajo rebasa los moldes tradicionales. Su carácter no convencional puede apreciarse en tres grandes facetas.

La primera y más relevante para este galardón, ha sido su aportación al entendimiento del papel de las innovaciones tecnológicas en el crecimiento económico

Por más de dos siglos, la economía mundial ha exhibido tasas ascendentes de progreso, las cuales desafían la escasez de los recursos y el aumento de la población. Los modelos teóricos de mediados del siglo pasado postulaban que el dinamismo del producto por trabajador era resultado de la acumulación de capital, que eventualmente se extinguía porque los rendimientos de este factor eran decrecientes. 

Se estableció entonces que la clave del avance era el cambio tecnológico, porque incrementaba laproductividad de los insumos. Sin embargo, tal elemento era “exógeno” y no se esclarecía su origen. 

El mérito de Romer fue ofrecer una teoría “endógena” sobre las nuevas tecnologías, concebidas como ideas o “recetas” que las personas y las empresas generan con el propósito de combinar los recursos de una manera más valiosa y productiva.

Los conocimientos asociados al cambio tecnológico poseen dos características. Primero, son bienes privados “no rivales”, es decir, pueden ser aprovechados por un sinnúmero de individuos y negocios sin que se agoten, lo que abre grandes posibilidades de producción en el mundo.

Segundo, son, al menos parcialmente, “excluibles”, es decir, es posible bloquear su acceso por decisión del inventor, por ejemplo, mediante encriptamiento, o por protección gubernamental, mediante patentes. Este rasgo refleja las reglas vigentes.

El crecimiento económico resulta de un proceso multiplicativo de innovaciones que se apoyan en hallazgos previos. Al ser reproducibles a un bajo costo, su beneficio social neto es potencialmente muy alto. 

Ahora bien, el creador de las ideas incurre en costos fijos, por lo que la libre disposición de éstas resultaría en menos innovación que la deseable. De ahí que las innovaciones requieran para su uso la posibilidad de cargar, al menos por un tiempo, un precio por encima del costo de reproducción. 
Romer advierte que, aunque la tecnología puede transferirse de un lugar a otro con relativa facilidad, hay países que no aprovechan estas oportunidades. En su modelo, las razones del rezago tienen que ver con las reglas que afectan la generación y, especialmente, la incorporación de conocimientos.

Los obstáculos pueden ser muy diversos teniendo en cuenta las notables diferencias en el desempeño internacional. Afortunadamente, un conjunto de normas adecuadas hace que las posibilidades de prosperidad sean virtualmente ilimitadas. 

Una segunda faceta de Paul es su inclinación por aplicar sus teorías, la cual se ha manifestado en iniciativas de política pública para superar la pobreza. Así, ha planteado la idea de crear en los países pobres “ciudades autónomas”, consistentes en territorios inicialmente no habitados, cuya administración estaría a cargo de una nación desarrollada la cual pondría en vigor una constitución que atrajera a la inversión foránea.

En estas ciudades, los habitantes del país pobre podrían migrar libremente, lo cual ofrece una ventaja respecto a la situación actual de millones de migrantes en las naciones ricas. La idea tiene su antecedente en Hong Kong, ciudad administrada por Gran Bretaña durante más de un siglo que experimentó un progreso espectacular. La administración podría ser del mismo país si su gobierno tiene suficiente credibilidad externa, como han sido los casos chinos de Shenzhen y de las zonas económicas especiales.

Una tercera faceta de Romer ha sido su incuestionable compromiso con la verdad científica, el cual se ha manifestado recientemente en severas críticas a la matematización superficial de la economía y, en especial, de los modelos macroeconómicos que, en su opinión, incorporan nociones vagas y posturas asociadas con lealtades personales más que con una apertura al debate. 

En suma, la contribución de Paul Romer ha sido amplia. Su exploración sobre el poder del conocimiento genera optimismo en torno las posibilidades de mejora global. Sus propuestas y criticas pueden ser controversiales. Sin embargo, su atrevimiento a pensar lo impensable se inscribe en el potencial de las ideas que descubrió.



Este artículo fue publicado originalmente en El Financiero (México) el 17 de octubre de 2018.
 

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