Los Vicepresidentes importan y mucho cuando sustentan proyectos (reloaded)
Javier Cubillas
Analista de Asuntos Públicos, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.



Hace unos meses atrás escribimos una nota en la que decíamos que los vicepresidentes importan y mucho en contextos de crisis.


Justificábamos ello en que uno de los más famosos vicepresidentes norteamericanos, John Adams, expresó con meridiana claridad: "No soy nada, pero puedo llegar a ser todo". Frase que resume la potencialidad del tapado que tiene nuestro sistema hiperpresidencialista en países como Argentina con alta inestabilidad política.  


Ergo, para puntualizar y para pensar en positivo, primero hay que reafirmar que los vicepresidentes importan cuando reaseguran proyectos de coalición, alianza o semejantes. Pueden ser quienes les aporten gran parte del chasis y motor al conductor –Hoy Macri lo demuestra con Pichetto- buscando garantías de gobernabilidad. 


Todavía hay que ver cómo llega a renovar pero se descuenta que en el acuerdo está aceitada la negociación con la liga de gobernadores que no quiere a los Kirchneristas nuevamente fustigándolos con la caja.


En este sentido, la fórmula MP es una gran muestra de pragmatismo de paladar negro. Es explícito y sin vueltas.


Pero también sostengo hace bastante tiempo que hay que leer el fenómeno electoral en clave de coaliciones personales más que de frentes, partidos o sistemas. El binomio presidencial depende mucho más de sus psicologías e impulsos que de otros condimentos para su sostenimiento, por ende, la comunicación interpersonal y la pública es clave en el mantenimiento de la confianza para la gestión del gobierno nacional.


Entonces, la pregunta clave para analizar el futuro y la estabilidad de las fórmulas presidenciales (FF y MP) que lleguen con más fuerzas a la competencia electoral es: ¿qué reaseguran?, ¿qué valores ofertan y comunican? Será una oferta de más república, o más redistribución, o volver al pasado, o reformas profundas hasta aquí no realizadas. Y hay que evaluar las psicologías para reconocer de antemano los cortocircuitos de alto voltaje que pueden darse.


Por ello, en la tesis que aquí seguimos también nos toca ver el Lado B del binomio. En este sentido y como segundo punto hay que decir que en un contexto 2020-2024 azotado por los déficits financieros, pero de darse un potencial delicado equilibrio capaz de comenzar a liberar al sector productivo para que vuelva a ocupar su capacidad instalada y ampliar sus volúmenes de exportaciones, la tentación de los vicepresidentes de ser sucesores pueden ser irrefrenables en el cortisimo plazo.


Aquí, las formulas binómicas se vuelve intrínsecamente competitivas y eso es un problema en sí mismo. Que el vicepresidente, por derecho propio, entienda que al ser parte de un gobierno de tormenta exitoso debe ser naturalmente también el próximo candidato presidencial resulta para el futuro presidente en ejercicio tener que dormir con el enemigo, además despertarse para gestionar cara a cara todos los días con la sospecha permanente de su recambio.


Y como tercer punto, si se diera un escenario de crisis en el que el vicepresidente asuma funciones, hay que recordar lo que bien nos ha explicado en sus excelentes trabajos académicos el recientemente fallecido Dr. Mario Serrafero: “la Vicepresidencia es una institución o un dispositivo de crisis. b) La Vicepresidencia no garantiza una sucesión legal – automática. c) Hace falta construir una legitimidad de reemplazo en cabeza del Vicepresidente que asume para que puede superarse la crisis institucional. Y en la construcción de la legitimidad de reemplazo intervienen factores políticos de distintos tipos vinculados al origen institucional de la crisis, la situación político – social previa, el momento del mandato en que se produce la crisis, el estado de legitimidad del Presidente y del Vice, el grado de identificación con el Presidente, la experiencia y el estilo político del Vicepresidente” (Revista de Sociología e Política, 25 de febrero de 2017). En la elección previa del vicepresidente para la formula ya se comienzan a jugar todos estos factores y en este año en particular eso está ya dispuesto claramente en la mesa. A nadie pu de sorprender trayectorias y aspiraciones de los VP.


Por si quedaba alguna duda, Serrafero agregaba oportunamente ya en el año 2003, en la salida de la mayor crisis institucional contemporánea: “Su función principal no es la presidencia del Senado (más allá de su innegable importancia), sino la de ser figura de reserva para el principal puesto del sistema político: la presidencia.” (La Nación, 25 de abril de 2003).


Finalmente, toda esta reflexión sobre las dinámicas entre los gestores de poder que habilitan las reglas de juego actuales se pone en evidencia en las psicologías de los actores que pacten la coalición. De ser nadie a ser todo hay un salto de magnitudes que puede ser pergeñado con habilidad maquiavélica o puede ser un accidente de la historia. En ambos casos pidamos al menos que los binomios se encuentren a la altura de las circunstancias para los tiempos que corren y los próximos que se avecinan.


Será sin dudas recordado como el año de las elecciones vicepresidenciales que reaseguraron proyectos institucionales o los implosionaron en corto tiempo.



 
 

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