Las PASO del susto
Diana Ferraro
Escritora



Hasta hace unas semanas se discutía sobre la utilidad de las PASO y la conveniencia de suprimirlas ya que, en la gran mayoría de las fuerzas políticas los candidatos eran auto-elegidos o elegidos por los más influyentes de los partidos y nunca en las elecciones democráticas internas inexistentes que las PASO pretendieron ordenar. Sin embargo, con los resultados de este último domingo, nos encontramos con que las PASO tienen una nueva y sorprendente utilidad.

 No, no se trata de las PASO sean la igualmente útil “encuesta general confiable” sobre las preferencias de los votantes, sino de algo mucho más interesante: su condición de ensayo general y de presentar el no menos teatral “qué pasaría si...”. En este caso, qué pasaría si el kirchnerismo y sus partidos asociados (entre ellos parte del peronismo, en especial el provincial)  ganasen las elecciones.

La respuesta a este “qué pasaría si...” no se hizo esperar: si con el macrismo la economía se deterioró y, lejos de progresar, fue cada vez más para atrás, con el aparentemente ya irreversible triunfo de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, la economía se hundió. Alza inusitada del dólar, caída de la bolsa, etc. en oposición a las apuestas optimistas del mercado en el viernes anterior a las PASO, cuando se creía que Macri iba a hacer una relativamente buena elección, quizá perdiendo, pero por poco.  

O sea, las PASO sirvieron y seguirán sirviendo hasta octubre como la demostración práctica ante la opinión pública un tanto dubitativa y confusa de los últimos tiempos, de qué pasa si Macri y sus partidos asociados (entre los que se encuentra otra parte sustancial del peronismo, no sólo el de Córdoba sino el de otras provincias) pierden y los otros ganan.

Una consecuencia no menor de este drástico drama es que el Presidente Macri por fin ha dejado de referirse a la oposición que tiene enfrente como “peronismo” para llamarla lisa y llanamente como lo que es: kirchnerismo, con Alberto Fernández, el ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner, como posible presidente electo, y Cristina Kirchner, sí, la misma que fue presidente y que dejó la economía hecha pedazos hace menos de cuatro años, ahora como vicepresidente. No hay un kirchnerismo bueno de Néstor y uno malo de Cristina, como mujer me niego a que se la considere por debajo de su marido: fueron los dos igual de malos en su concepción de la política económica y de los criterios estatistas y anti-mercado, sólo que uno tuvo más suerte con el precio de la soja y a la otra, esa suerte le duró menos. El kirchnerismo será siendo lo que es y lo que siempre fue: estatista, generador de inflación, creador de pan para hoy y hambre para mañana, y su política exterior será, por la fuerza, equivocada, siempre aliada de los países enemigos de la libertad económica y de la globalización.

En el drama de las PASO, entonces, ganó el kirchnerismo y perdió la política de libertad y apertura, encarnada sobre todo en el macrismo (política exterior exitosa, con la macroeconomía aún sin resolución) y en el peronismo liberal agregado a última hora a través de la figura de Miguel Angel Pichetto reivindicando sin decirlo aún muy fuerte (deben decirlo, ¡DEBEN!) la exitosa experiencia peronista liberal de los años 90 con Menem y Cavallo, una leccioncita que el Presidente Macri está comenzando a comprender y, esperemos, aprovechar, para bien de la Argentina, de los argentinos y del teatro nacional, que nunca se agota en un ensayo general.

Todavía nos queda la première de octubre, donde el SUSTO pasará a ser un relativo miedo—cuando muchos de los espectadores del ensayo general abierto piensen mejor en el desenlace de la obra como equivalente a su propio futuro y cuando se agreguen muchos de aquellos que prefieren ver las malas obras en la mejor versión del estreno y se negaron a asistir al ensayo general.

Y, finalmente, tendremos el espectáculo afinado en noviembre, en el cual el desenlace será el único que el país se puede permitir: el de un final feliz, que augure un progreso sostenido y muchas más y mejores temporadas. Un final que no es otro que el del actual gobierno terminando bien lo que empezó bien y continuó mal, por torpeza y ceguera, dos males por suerte remediables, aunque este primer paso del drama electoral parezca gritar desaforadamente (¡para que todos escuchen!), lo contrario.


 

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