Las protestas en un Chile que exhibe logros
Edgardo Zablotsky

Ph.D. en Economía en la Universidad de Chicago, 1992. Rector de UCEMA. En Noviembre 2015 fue electo Miembro de la Academia Nacional de Educación. Miembro del Consejo Académico de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre. Consultor y conferencista en políticas públicas en el área educativa, centra su interés en dos campos de research: filantropía no asistencialista y los problemas asociados a la educación en nuestro país.




Hace algo menos de diez años, publiqué en este espacio una nota con el mismo título. En ese entonces, durante la primera gestión de Sebastián Piñera, violentas manifestaciones estudiantiles exigían un cambio radical del sistema educativo. Su líder, Camila Vallejo, señalaba: “Queremos cambiar el modelo educacional porque el modelo fracasó. No queremos mejorar el sistema sino cambiarlo”.
Hoy la violencia ha vuelto a las calles y con una envergadura mucho mayor. Por ello, es útil recordar de dónde viene Chile, para poder evaluar correctamente los hechos.
En palabras del Dr. Fernando Mönckeberg, responsable de haber vencido al peor de los flagelos, la desnutrición infantil, Chile “en 1950 era un país extremadamente pobre, la expectativa de vida era de tan sólo 38 años, el porcentaje de niños desnutridos menores de 6 años era del 60%, el 23% de la población era analfabeta, tan sólo el 35% terminaba la escuela primaria, el 12% la secundaria y el 2% accedía a la universidad” Más aún, “en 1960 el 20% de los niños nacía con bajo peso y el 6% fallecía antes de cumplir el primer año de vida por enfermedades asociadas a la desnutrición”.
Para 2004 tan sólo el 4% de los niños nacía con bajo peso y el 0,01% fallecía antes de cumplir el primer año por enfermedades asociadas a la desnutrición. Diez años después la expectativa de vida alcanzaba los 80 años, el porcentaje de niños desnutridos menores de 6 años se había reducido al 2%, el analfabetismo había prácticamente desaparecido (0,1%), el 99% de los niños terminaba la escuela primaria, el 74% la secundaria y el 50% ingresaba en la universidad.
¿Si Chile ha hecho tantos progresos como lo demuestran las estadísticas reportadas, por qué existe tanto descontento interno en contra de su gobierno?
Jorge Edwards, Premio Cervantes 1999, ensayó frente a las manifestaciones estudiantiles durante el primer gobierno de Sebastián Piñera una razonable respuesta: “los estudiantes hablan de treinta años de retroceso en el país y proponen un cambio equivalente a una revolución. Tienen motivos para estar descontentos, pero usan ese lenguaje del todo o nada que parece nuevo, y que sin embargo se repite de generación en generación”. Cambios revolucionarios, volver a empezar, suena conocido.
El actual gobierno de Sebastián Piñera, según lo que expresan las violentas protestas, lo ha hecho todo mal. Hay que volver a empezar, retrotrayendo todo lo que se ha hecho, no solamente durante el actual gobierno, sino durante casi 40 años. ¿Puede tener Chile tan mala fortuna que así sea, a pesar de lo que reportan los estudios internacionales? Es claro que es un absurdo.


Por eso, qué mejor que retornar a aquella nota de Edwards para concluir este breve artículo: “El problema consiste en que las mejoras duraderas que están a nuestro alcance se construyen con paciencia, con razones en lugar de retórica. Sin borrarlo todo y partir de cero, sin creer en los paraísos en la tierra, que suelen desembocar en infiernos”.


Publicado en Clarín.
 

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