Cuando llegó la pandemia ya estábamos enfermos ¿cómo saldremos?
Luis Franco
Investigador Asociado de Fundación Atlas. Licenciado en Ciencias Políticas, magíster en Economía y Ciencias Políticas por Eseade. Ex asesor en la Cámara de Diputados de la Nación.



 
Estamos en una emergencia, no estamos en guerra, ésa no es una figura adecuada. En las guerras se pierden vidas como ahora, pero también se destruyen bienes e infraestructura, lo cual no ha ocurrido en esta vasta crisis.
 
Cuando la historia estudie este tiempo seguramente nos dirá qué se hizo bien y qué no. Quizá no haya que esperar tanto para enterarnos sobre los costos de esta pandemia cuya novedad está más en la comunicación que en el germen. Alguien dijo una vez que si la “Operación Watchtower” –el desembarco en Guadalcanal y la ofensiva aliada en el Pacífico, en 1942– se hubiera trasmitido por televisión en vivo, el “Día D” no hubiera tenido lugar y los aliados hubieran perdido la guerra. Así de influyente es el video-ver, como decía Giovanni Sartori. De una forma u otra, los resultados de las decisiones tomadas por la pandemia nos dirán cuántas vidas se han salvado por el encierro general y cuántas se perderán por haber parado la producción.
 
Cuando los estados están bien administrados, los subsidios y bonos son instrumentos fundamentales para un tiempo excepcional. Por ejemplo, si un cataclismo o suceso desgraciado e inesperado ocurre, los gobiernos echan mano de lo extraordinario subsidiando temporalmente y emitiendo instrumentos financieros a largo plazo para atender la urgencia y encarar la reconstrucción o, como nos sucede ahora, sostener la vida y luego poner en marcha la economía. Pero esa no es una opción en buena parte de los países del mundo porque los instrumentos excepcionales se han desvirtuado para financiar gastos corrientes y desarrollar las llamadas políticas “activas”.
Los Estados Unidos acaban de aprobar un “bill” que inyectará a su economía 2 billones de dólares. La inyección fue concebida como estímulo ante una caída fenomenal de la actividad por el SARS-CoV-2 (COVID-19). Otras naciones van por el mismo sendero. Sin profundizar, diremos que esas decisiones se han tomado en una época de manipulación de la tasa de interés y que de todos los precios que se intentan controlar, ya sea por la fuerza física (clausuras) o martingalas financieras, el precio del alquiler del dinero (tasa de interés) es el más dañino por ser referencia para la inversión. Lamentablemente eso es lo que se ha hecho en casi todo el mundo desde hace demasiado tiempo.
 
En nuestro país, instrumentos como bonos y subsidios no son una opción en la emergencia. El abuso que se ha hecho de ellos desde hace décadas y la deuda consecuente acumulada, los dejan fuera del menú. Por eso el recurso del gobierno es emitir abundante papel moneda que en realidad es más papel que moneda. Estamos en cuarentena. Por ahora no hay “arbolitos” ni “cuevas”. De seguir esto así, más temprano que tarde las verdulerías y almacenes agregarán el servicio de las casas de cambio. Al cepo cambiario se le sumó el cepo ambulatorio. Pero ¿qué pasará cuando todo comience a normalizarse?
 
El Presidente ha tomado medidas extremas para contener el virus basándose en recomendaciones de expertos en salud. Sin embargo, no hay una convocatoria a un verdadero diálogo político de unión nacional para abordar los grandes problemas del país y sumar a los más prestigiosos economistas argentinos con el objetivo de pensar el “día después”, cuando haya que resolver la inflación, la deuda, el desempleo, la pobreza y la lista sigue. A la pandemia entramos con enfermedades institucionales y económicas crónicas que en algún momento deberán encontrar un tratamiento efectivo.
 
Los argentinos mantendremos una cierta capacidad productiva intacta y somos creativos. Podemos salir adelante e incluso dar un salto espectacular al futuro si se alivia el peso del Estado y se nos da la oportunidad de hacer. No sabemos cómo será el mundo que viene, pero lo más seguro es que demande nuestros productos y sobre todo talentos. Por eso debemos sanarnos y no perder esta oportunidad. 


Publicado en El Cronista.
 

Últimos 5 Artículos del Autor
[Ver mas artículos del autor]