El conflicto entre Donald Trump y Elon Musk
comienza a generar consecuencias políticas, aunque todavía no irreversibles. El
argumento de quienes apoyan al presidente sin límites es que el empresario
tecnológico tiene una mejor relación con China que Trump y que esto puede
acentuarse.
De acuerdo a esta visión, los buenos
vínculos de Musk con Xi Jinping surgen durante el periodo de Joe Biden. En
2021, en redes sociales, Musk elogió el programa espacial chino, su sistema de
transporte, la cultura del trabajo y destacó a la mano de obra china respecto a
la estadounidense por su mayor disciplina. La planta más grande de Tesla -la
empresa más importante de Musk en el ámbito automotriz- está instalada en
Shanghai y fue inaugurada en 2019. De allí provienen cerca de la mitad de sus
exportaciones del rubro.
Según los críticos del actual enemigo de
Trump, él ha recibido préstamos de bancos públicos chinos y firmó contratos
para crear la primera estación de almacenamiento de energía a gran escala, la
que estará ubicada en las proximidades de la mencionada planta de Tesla. El
empresario se reunió personalmente con Xi varias veces antes de que Trump
ganara por segunda vez. Pero en última instancia, esta relación entre Xi y Musk
no es muy distinta de la que pretendía tener Trump con el presidente chino, la
que se frustró por la guerra comercial y las diferencias -pero no choques o
enfrentamientos- en los conflictos militares de impacto global.
La relación entre Musk y China tiene más de
un antecedente en años recientes. Como se dijo, la única empresa automotriz
extranjera de envergadura que opera en China es Tesla. En el enfrentamiento
entre Trump y Musk, la opinión pública china, a través de redes sociales, tomó
posición a favor del segundo y la ruptura entre ellos fue tendencia en la red
social china Weibo. Sus usuarios hicieron trascender una mayor valoración
positiva respecto a Musk por su “mentalidad impulsada por la tecnología”.
Frente al proyecto expresado por el dueño
de Tesla de crear una tercera fuerza política en Estados Unidos, denominada
“Partido América”, esta decisión fue elogiada por los usuarios chinos de redes
sociales, con mensajes como “Hermano Musk, tienes más de mil millones de
personas de este lado que te respaldan”. Queda planteada la hipótesis de que
Musk haya alentado este tipo de reacciones. Cuando se produce la ruptura entre
el entonces director de DOGE -la repartición estatal encargada de reducir la
administración pública- y el presidente estadounidense, Putin calificó de
“interesante” a Musk por su visión tecnológica e innovadora. Pero su relación
con el líder ruso viene de años atrás y en realidad se interrumpió con la
guerra de Ucrania.
El vínculo con Putin no es muy distinto al
que Trump pensaba tener hasta hace algunos meses. Cabe recordar también las
visitas de Musk a Turquía para reunirse con Erdogan y a Brasil para hacerlo con
Bolsonaro. Las hizo durante el gobierno de Biden, cuando todavía no estaba
embarcado en la campaña electoral de Trump. El empresario coincidía con la
estrategia global del actual presidente estadounidense de buscar relaciones con
los líderes de influencia global, sin dar prioridad a los organismos
internacionales.
Pero en el ámbito específico de la carrera
espacial todavía no se ha producido una ruptura, aunque sí hay acciones
dirigidas a desprestigiar a Musk. Hasta ahora, el empresario ha continuado
recibiendo los fondos de los contratos que tiene vigentes con la NASA. Estos le
aseguran un lugar privilegiado en los planes y estrategias para la futura
ocupación de la Luna y Marte. Trump envió al Congreso un presupuesto que reduce
un 25% los fondos asignados a la agencia espacial estadounidense (el monto
reducido pasará a ser tercerizado). Ninguna empresa abocada al ámbito espacial
está en condiciones financieras y tecnológicas de manejar esta parte del plan
espacial estadounidense.
Cabe señalar además que el empresario
terminó de obtener las autorizaciones para la instalación de su ciudad, llamada
Starbase, ubicada en Boca Chica (Condado de Cameron, Texas). Allí estará una
base de lanzamiento privada para los cohetes de SpaceX. Pero se mantienen las
dudas sobre cómo seguirá en el futuro la relación entre Trump y Musk, la que
puede afectar el objetivo geopolítico más importante de Estados Unidos en el
largo plazo, que es ser el primer país en llegar a Marte.
Pero en julio Musk recibió un ataque
originado en los círculos de Trump: se recordó, a través de un cable de la
Agencia Reuters que en septiembre de 2022, a seis meses de iniciada la invasión
rusa a Ucrania, los satélites de Starlink -otra de las empresas de Musk- sin
razón aparente suspendieron sus servicios en la zona de Ucrania, que desde el
primer día de la guerra los utilizaban, lo que sigue teniendo lugar hasta hoy.
Esta denuncia periodística sostiene que los
satélites de Musk habían suspendido su actividad a favor de Rusia durante un
breve tiempo para dificultar una operación clave de las fuerzas ucranianas. La
decisión habría sido tomada personalmente por Musk y habría tenido efecto sobre
la capacidad operacional de las fuerzas de Ucrania desplegadas entonces en el
sur del país. La interrupción afectó a más de cien terminales activas en zonas
como Jersón y Berislav.
Fuentes vinculadas a Starlink y al entorno
de Musk aseguraron que dicha desconexión se produjo para evitar una escalada
nuclear por parte de Moscú y fue adoptada tras una preocupación compartida
entre el gobierno estadounidense y el empresario, cuyas comunicaciones
aumentaron en esos días. Según jefes militares ucranianos, el cerco de las
fuerzas rusas en Berislav no pudo completarse debido a la pérdida de
comunicación.
De acuerdo a oficiales ucranianos, varias
misiones de drones fueron pospuestas y otras se ejecutaron sin video en tiempo
real, reduciendo fuertemente su efectividad táctica. Cabe señalar que desde
comienzos de la invasión a Ucrania, ésta adoptó masivamente a Starlink como su
principal medio de conectividad satelital. Más de cincuenta mil terminales
fueron distribuidas y donadas por SpaceX a Estados Unidos, Polonia, Alemania y
otros aliados internacionales de Kiev. Esta infraestructura fue clave para
mantener energía, comunicaciones gubernamentales, atención médica, telecomunicaciones
y operaciones digitales.
Pero esta denuncia plantea los riesgos que
implica la participación de actores del sector privado en los conflictos
bélicos entre estados. En varios países aliados de Washington, como Taiwán o
Italia, se plantearon debates sobre el tema.
Publicado en INFOBAE.