Rogelio López Guillemain
Autor del libro "La rebelión de los mansos", entre otras obras. Médico Cirujano. Especialista en Cirugía Plástica. Especialista
en Cirugía General. Jefe del servicio de Quirófano del Hospital Domingo Funes,
Córdoba. Director del Centro de Formación de Cirugía del Domingo Funes
(reconocido por CONEAU). Productor y conductor de "Sucesos de nuestra
historia" por radio sucesos, Córdoba.
La RAE define
“testimonial” como: “Que hace fe y
verdadero testimonio”, o sea, que valida algo como verdadero.
La pregunta es: ¿qué es lo
que validan estos candidatos? Veamos.
Para explicar el título y
el primer párrafo primero debemos diferenciar entre dos conceptos que parecen
equivalentes, pero no lo son: lo legal y lo legítimo.
Legal es aquello que se
ajusta a la ley, lo que está permitido.
Es lo que dicta el legislador según su voluntad (¿y conveniencia?), es
lo que se conoce como el “derecho positivo”.
Legítimo es aquello que es
conforme a lo ético, lo que es lo correcto.
Está en relación con los usos y costumbres (moral) pero más
específicamente con la propia esencia del ser humano, es lo que se conoce como el
“derecho natural”. Clásicamente, estos derechos
son: el derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la búsqueda de la
propia felicidad.
Si tenemos en cuenta lo anterior,
podemos ver que no todo lo legal es legítimo ni todo lo legítimo es legal.
Encerrarnos en nuestras
casas durante la cuarentena eterna fue legal (digamos) pero claramente no fue legítimo.
Dejar en prisión domiciliaria a quien no
debería acceder a ese beneficio —violadores, narcotraficantes, asesinos,
corruptos— también puede ser legal, pero no legítimo.
Darle su merecido a un
delincuente o trabajar como Uber en córdoba es legítimo, pero no legal.
Entonces, volviendo a las
candidaturas testimoniales, podemos afirmar que las mismas son legales, pero de
ninguna manera legítimas.
Quienes se postulan saben
que no van a asumir el cargo, por lo que están engañando a los electores, los
están estafando.
He escuchado las
justificaciones más absurdas y ridículas imaginables. La más frecuente es afirmar que lo que se
vota es el proyecto del partido y no el candidato. Si esto fuese cierto (cosa que no es),
entonces ¿para qué incluir candidatos? Que
en la boleta pongan el nombre del partido y se reparten porcentajes de un total
según los resultados. Sería mucho más
barato.
También podríamos
preguntar: si lo que importa es el partido y no el candidato, ¿por qué se
postula quién no va a asumir y no cualquiera otra persona? El absurdo de estos planteos solo es
comparable al grado de burla que los políticos ejercen sobre la sociedad.
Por todo esto los
candidatos testimoniales dan un indiscutible testimonio de lo que son y de lo
que representan: estructuras partidarias nefastas y parasitarias, sin
principios ni valores, malvadas y despiadadas.
Cuando votes, también vas
a dar testimonio. Vos vas a decidir si
este será a favor de la honestidad o de la trampa, a favor del mérito o del
acomodo, a favor de los argentinos de bien o de los corruptos.