Javier Cubillas
Analista de Asuntos Públicos, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
La dimensión económica
está resuelta” decían, en el primer semestre, y entonces por añadidura asumían
que la dimensión de la política se ordenaba. Una suerte de efecto derrame de lo
económico a lo político. Raro, puede pasar en el primer mundo pero no en
nuestro país.
Por esto, lo anterior eran
supuestos a probarse ante el primer escándalo político. Y estos aparecieron por
distintos motivos, intereses, más o menos operados pero al fin de cuentas para
la sociedad son hechos escandalosos. No tienen tiempo ni mucha paciencia como
para prestarle tiempo al gobierno y a las oposiciones para que justifiquen lo
que moral y emocionalmente no se acepta y además hay un cansancio social que
bien podríamos entender es de carácter extendido y hasta histórico.
Aquí, puede estar el
principio que explique los resultados electorales y el final que explique por
qué deben cambiar o ajustar con sintonía fina -nunca mejor expresada- la acción
política para que vuelva a tener cierta sensibilidad ante vacas sagradas que
deben tratarse con empatía, mucha comunicación que explique abiertamente las
políticas, y no sólo en atención al déficit fiscal, como respuesta a todo.
El control del déficit
fiscal son las bases pero quedó demostrado que no son las paredes ni techo
menos las puertas que se abren a la política que den lugar al diálogo político.
Entonces, como hemos dicho
en una columna anteriores, De la Barvariedad en el Congreso Nacional a la
Dictadura de las Formas, hay un punto de conexión sustancial y procedimental.
Gracias a la barvariedad,
los más razonables terminaron justificando la irrazonabilidad en medidas contra
sectores vulnerables. Bajo la dictadura de las formas, dejaron sin valor la
dimensión deliberativa de la democracia plural y compleja que busca reconducir
los conflictos vía institucional para generar bienes públicos.
Los dos fenómenos no son
alentadores en democracias con medios digitales y transmedia que afectan
irremediablemente la ejemplaridad pública sin mediar efectos y afectados.
Por esto, no sólo la
campaña política debe volver a tener una dimensión propositiva sino que
esencialmente la comunicación de riesgo de las políticas públicas, todas son de
riesgo, bajo la denominación de campaña permanente para el oficialismo debe
cohesionarse y coordinarse para revalorizar lo que han olvidado en el camino y
poco dirigentes lo enarbolan como parte de la gestión diaria: los valores y
perspectiva del republicanismo.
Quizás, para la impronta y
perfil de Milei y su campaña podrían comenzar a evaluar e implementar además
del régimen valorativo liberal la integración del republicanismo económico:
transparencia y ética pública, activismo político y económico y debate amplio e
inclusivo institucionalizado con razones y razonabilidad conforme a la
Constitución Nacional.
Recordemos, en función de
lo anterior, que la Omnipotencia del Estado es la Negación de la Libertad
Individual (Juan Bautista Alberdi, 1880) y esto se ejerce con funcionarios que
no escuchan, no debaten, no responden y no cambian un ápice sus ideas político
económicas frente a la vitalidad, pluralidad de intereses y preferencias
individuales en competencia o pugna.
Recuerden a Alberdi, es
indispensable, pero no pierdan de vista el contexto real actual sino de tanto
ver las estrellas del firmamento liberal pierden de vista el arraigo
territorial provincial y en suma, el federal. Fin.
Publicado en Perfil.