Elena Valero Narváez
Historiadora, analista política y periodista. Autora de “El Crepúsculo
Argentino. Lumiere, 2006. Miembro de Número de la Academia Argentina de Historia.
La
declaración del presidente Trump que tanto revuelo causó tiene su razón de ser.
Si bien importa el resultado de las elecciones, lo cierto es que Argentina está
en terapia intensiva. Los estragos que hizo el kirchnerismo en sus años de
gobierno volviendo atrás una política y una economía que tenía todo para volver
a recuperarse nos dejó con los brazos caídos. Con el gobierno de Alberto Fernández,
el agua nos llegó al cuello. Los argentinos, la mayoría hartos de populismo,
votaron por un cambio radical que abriera otro camino. Y llegó Milei, con su
aspecto de roquero sui generis, su lenguaje soez, y sus peleas con todo el que se le pusiera delante,
a contradecirlo o criticarlo. Pero la
realidad mostró que más allá de su estilo, el rumbo que defendió con sus modales es el
correcto. Basta observar a países, como
Bolivia, para notar los estragos que
hubiera seguido haciendo al país, continuar por un rumbo socialistoide. En estos
pocos años de gobierno no se dejó intimidar, se abocó a bajar la inflación a paso
acelerado, para ello debió luchar contra una mafia pocas veces vista dedicada a
entorpecer, con saña, cualquier
alejamiento de un gobierno populista. No importó el Pacto de Mayo. Todo valió
para que no se concretara y quedara inmovilizado. Gran parte de los que apoyaron al kirchnerismo, se jugaban la carrera y no solo eso, como
en el caso de Cristina Kirchner, muchos
también, temían ir a la cárcel y no en
tan buenas condiciones como las que goza la ex-vicepresidente.
Milei
tuvo grandes aciertos, uno fue de entrada y, “antes de que las papas quemen”: declarar su
inquebrantable posición pro- occidental. Acompañó, como pudo, a la campaña del actual presidente de EEUU, se
jugó por su candidatura. Criticó también, desde el principio de su
administración a las dictaduras sobre todo la de Maduro amigo “carnal” de los
presidentes kirchneristas. Cambió radicalmente de rumbo: de un país alineado a
Cuba y Venezuela pasamos a ser un país virando hacia la cercanía con los países
democráticos y capitalistas del primer
mundo. Y aquí estamos, con un gobierno, si bien acosado por una oposición mafiosa,
intentando lograr su cometido. Las elecciones del 26 de octubre mostraron que
buena parte de la sociedad no desea volver atrás, apoyó al Gobierno a pesar de
errores y circunstancias adversas como fue el “caso Espert”. Es que el
Kirchnerismo ayudó a que la volátil sociedad argentina prefiriera darle otra
oportunidad al Presidente en vez de arriesgarse a más de lo mismo. También muchos no quisieron
espantar la buena voluntad del presidente Trump: la ayuda del gobierno norteamericano
facilitara el despegue que desea Javier Milei , màs que todos. Con apoyo
popular, la oposición más dura de capa caída,
el nuevo Congreso, y una actitud conciliatoria, lejos de la
omnipotencia, le hará más fácil enderezar el camino. Se vienen varias reformas
necesarias para atraer a inversores y para facilitar la acción de los
emprendedores, quienes esperaban mejores condiciones- Producto de errores
propios y obstrucciones opositoras se necesita de mucha ayuda exterior, por
suerte y gracias al rumbo elegido, EEUU comenzó
a darla. Es de esperar que otros países lo imiten.
Los
que tienen ideas afines a las del Gobierno con seguridad y con el resultado de
las elecciones, seguramente apoyarán en el Congreso, pero la otra, la oposición
que no tiene nombre por cómo se comporta? Habrá que estar atentos, los grupos que descuentan su impunidad y que
especulan con el deterioro de la autoridad del Gobierno y el desprestigio de
las instituciones, seguramente se moverán cada vez con mayor agresividad,
tratando de impedir el cambio drástico del régimen económico. Puede llegar a constituir a corto plazo una amenaza para la
tranquilidad del país.
Se debería
aprovechar la necesidad cierta de EEUU, de tener presencia ideológica y buenos
resultados en las economías latinoamericanas, difícilmente se va a repetir una
oportunidad como esta. Ojalá la vean y la “sientan” los criticones de siempre,
los que un día quieren blanco y al día siguiente negro. Los argentinos tendrían
que considerar el fracaso del socialismo en todas sus dimensiones, hoy cuentan
con muchos ejemplos, sobretodo el de la URSS luego de tantas décadas de
socialismo al puro estilo marxista, implosiónò sin que hubiera ninguna amenaza
externa, no podía abastecer a su población de lo más necesario.
¿Continúa
siendo Argentina un país anticapitalista política y
culturalmente como hace más de 60 años? Todos recordamos que desde las
universidades, profesores que llegaron a
ser altos funcionarios, prepararon
terroristas para luchar por el socialismo nacional, admiraban a la URSS y
viajaban a visitarla invitados por su Gobierno. Se continúa odiando a EEUU donde el capitalismo real ha modelado a la
sociedad más rica, innovadora, y dinámica, de la historia. Nadie tiene en cuenta que el
gran desarrollo de Corea del Sur como los de Japón, Alemania Federal, Italia,
entre otros, se realizó bajo la
dependencia de EEUU, país que, como vencedor de la Segunda Guerra, impuso, sin excepción, la instauración de un régimen democrático,
mientras que la URSS, sobre los países
que ocupó, un sistema totalitario, si
bien con matices. La dependencia, en contra de lo que se cree, no es la ruina
-como pensaban terroristas y defensores del socialismo nacional- lo muestran Canadá
y Australia, países libres pero sometidos a fuertes compromisos políticos con
Gran Bretaña.. Todas son naciones desarrolladas y democráticas.
En América
Latina, ni Yrigoyen, Perón, Frondizi, Paz Estenssoro, Getulio Vargas,
Rojas Pinilla, y Stroessner, entre otros
muchos Gobiernos, fueron dependientes,
como lo aseguraba Henrique F. Cardoso y
Enzo Faletto en un libro: “Dependencia y Desarrollo en América Latina”. La
dependencia, que nunca hubo, no fue la
causa del subdesarrollo como se explicaba en esta versión nacionalista y
estatista de los autores, sino el no haber abrazado la masividad del
capitalismo dada por la extraordinaria magnitud de sus mercados que ha
permitido crear más bienes, infinitamente más variados, de precios reducidos e
intereses bajos.
Ojalá,
en Argentina, ahora que termina el
periodo electoral, no se olvide ni el Gobierno,
ni la oposición, que las leyes de la economía existen desde
siempre, son universales: cuando los Gobiernos
las violan se producen crisis como la nuestra. No hay, por ello, que denostar al Mercado, el cual solo nos da información, sobre qué
piensa la gente frente a las opciones que le ofrece la vida, sino a los políticos que crean las condiciones
para que ellas ocurran.
El
peligro en Argentina consiste, en que si
el Gobierno es de signo populista, o
socialista, los procesos de acumulación
y concentración de capitales los lleva a cabo el Estado en detrimento de la
sociedad civil, como lo hizo Perón e
intentaron los Kirchner, entonces se reemplazan los mercados y la acción
electiva, y se crean monopolios, o cuasi
monopolios, que actúan en beneficio de
los equipos políticos que administran y
de su burocracia, cuyos costos y
pérdidas los paga la sociedad. Se la
deja, de este modo, indefensa y
se difunde una corrupción incontrolable, estructural.