Defendiendo la
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Preso el déspota, la dictadura manda

Pedro Corzo
Periodista de Radio Martí.
Recibí con gran satisfacción la noticia de la captura de Nicolás Maduro y su esposa y cómplice, Cilia Flores. Lamento profundamente que muchos de sus cofrades, entre ellos Diosdado Cabello y el general Vladimir Padrino López, no fueran apresados; no obstante, es de esperar que todos los asociados al dictador en el Cartel de los Soles y el gobierno terminen en la cárcel.
 
Por lo demás, me parece muy apropiado que esta "injerencia humanitaria sin ocupación militar" ayude a depurar la doctrina latinoamericana de la "no intervención", la cual ha sido útil para que los tiranos se perpetúen en el poder, como ha sucedido en Cuba (67 años), Venezuela (26 años) y Nicaragua (30 años en dos periodos). El principio de no intervención es válido solo cuando los ciudadanos cuentan con la capacidad de remover a sus gobernantes en elecciones plurales y secretas, con un poder judicial y tribunales electorales independientes, además de la verificación de organismos internacionales probos; algo que no es posible en los países mencionados.
 
La "No Intervención y Autodeterminación de los Pueblos" debería ser un principio sagrado cuando la democracia y la voluntad popular rigen un país. La práctica electoral debe ser la vía para cambiar un gobierno que respeta las normas democráticas; no obstante, si no hay democracia, al oprimido le asiste el derecho a la rebelión para combatir la opresión, al igual que el vecino tiene el deber de cruzar la frontera para proteger a los indefensos que padecen bajo su sombra.
 
Es cierto que cada pueblo tiene la prerrogativa de elegir a sus gobernantes y el sistema que le apetezca —un derecho natural vinculado al cambio de régimen cuando este no le satisface—. Por ello, cuando el tirano Fidel Castro decía que "el pueblo cubano votó en 1959", incurría en una de las muchas aberraciones de su maléfica existencia. No es prudente respetar doctrinas que permiten a los depredadores nutrirse con la sangre de sus víctimas. Lo que viene ocurriendo en Cuba hace décadas demanda una solidaridad activa con un pueblo que ha demostrado su deseo de ser libre; tampoco es moral aceptar la debacle que padecen los venezolanos en aras de contratos que solo sirven a los criminales.
 
La penosa situación de Cuba, Venezuela y Nicaragua demanda la participación de las democracias del hemisferio. No es prudente permitir la proliferación de un mal cuando existe la posibilidad de ser libres. El continente debería reaccionar ante la maldad de forma multilateral, actuando de común acuerdo y execrando a los gobiernos que no respetan a sus ciudadanos.
 
Por otra parte, el liderazgo de Estados Unidos en esta operación judicial —sin la cual Maduro y Flores seguirían oprimiendo a los venezolanos— genera preguntas de respuestas complicadas para todas las partes. Opino que Washington aprendió la lección de Irak: allí el gobierno fue completamente desmontado, lo que generó un vacío de poder ocupado por grupos terroristas. Esta situación aparentemente se evitaría si la actual vicepresidenta y cómplice del narcotraficante preso, Delcy Rodríguez, dirige una transición política que debió haber conducido Nicolás Maduro cuando perdió los comicios del 28 de julio de 2024.
 
Surgen otros cuestionamientos: ¿Habrá una convocatoria a nuevos comicios o simplemente se procederá a lo que muchos consideramos justo: la entrega del gobierno a Edmundo González y María Corina Machado? No dudamos de que, de haber nuevas elecciones, esa dupla repetiría la victoria. Por otra parte, ¿cuándo serán excarcelados todos los presos políticos? Como exprisionero, considero que esa debe ser la primera gestión de los delincuentes que aún están en el poder, quienes también son responsables de todos los abusos y vejámenes ocurridos bajo Hugo Chávez y Maduro.
 
¿Cuándo se restablecerán los derechos de la oposición y de los inhabilitados políticamente? ¿En qué momento podrán regresar a Venezuela los que tomaron el camino del destierro para salvaguardar su libertad y su vida? Los bienes confiscados y las licencias de transmisión de radio y televisión que Chávez y Maduro enajenaron, ¿cuándo serán restituidos a sus beneficiarios?
 
Por último, la alianza de Maduro con el totalitarismo cubano supera con creces su relación con China, Rusia e Irán, una realidad evidenciada con la muerte de decenas de castristas que cayeron defendiendo al dictador. La asistencia represiva y el control castrista sobre los poderes públicos venezolanos es más que notoria; por lo tanto, es de suponer que La Habana está al tanto del tráfico de drogas del Cartel de los Soles que dirigía el dictador encarcelado.



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