Defendiendo la
Libertad en Argentina
desde 1998

Salario real, consumo, préstamos e impuestos

Eduardo Maschwitz
Presidente del Consejo de Administración de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre. Premio a la Libertad 2007, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Mucho se habla hoy día de la caída del consumo, del alto costo de los productos con relación a su valor en otros países, de lo alto de las tasas de interés que impiden que el crédito bancario motorice las ventas, y de la caída del salario real de las personas. También está en pleno debate la enorme carga impositiva que padecemos los argentinos, y que es también causa de la reducción del poder adquisitivo de la población. La ineficiencia argentina ha logrado que todas estas afirmaciones sean ciertas, y en forma conjunta hacen a nuestro país carísimo, y seguramente seamos campeones mundiales de la autodestrucción.
 
No es intención de este articulo tener una precisión exacta en las cifras que mostraremos, siendo su intención acentuar ciertos conceptos, aunque si aclaramos, que en todos los casos las cifras fueron obtenidas de buena fuente, como IARAF, IERAL y otros, y los cálculos fueron simplificados para facilitar la comprensión, sin perder confiabilidad.
 
No hay duda de que ser una de las economías más cerradas del mundo provoca, entre otras desgracias, que se reduzca notablemente la competencia entre oferentes, ocasionando la producción de bienes caros y de baja calidad. La inestabilidad macroeconómica, la alta inflación y la ausencia de moneda hacen inexistente el ahorro doméstico de largo plazo e impide el desarrollo de un mercado financiero y de capitales que ayude al crecimiento del país, y a fomentar el consumo. La bajísima inversión, resultado del cepo cambiario, las regulaciones y la inestabilidad política, impide la mejora del salario real.
 
Pero aquí queremos explayarnos sobre el impacto de los impuestos en los precios de los productos, y en el costo de la financiación bancaria (como motor del consumo) y como impactan en el poder adquisitivo de las personas.
 
Siguiendo las fuentes citadas, los impuestos significan aproximadamente entre un 40% y un 55% del precio de un producto, y en un préstamos equivalen al menos a un tercio del interés pagado y hasta más del 50% en ciertos casos. Las variantes tienen que ver básicamente por distintas tasas municipales (las hay entre 7,8% y 0,2%), los ingresos brutos (las hay entre 3% y 9%), impuestos internos y algún otro impuesto especial.
 
¿Y qué hacer para reactivar el consumo y como aumentar el poder adquisitivo? Mucho hay hecho con múltiples desregulaciones y con la parcial apertura de la economía. Hoy las personas pueden comprar toda clase de productos en el mundo a través de plataformas que se ocupan de ofrecerlos, y ponerlos en la puerta de nuestras casas.
 
Veamos ahora la carga impositiva que tiene la compra de ciertos productos, realizada con financiación bancaria. Si compramos electrodomésticos y alimentos a un precio neto de impuestos de $100, pagaremos impuestos dentro del precio de $ 75 (43% del precio total o 75% del precio sin impuesto) y como lo compraremos financiado, tomaremos un préstamo por un monto de $175, a un interés del 60% , pagaremos impuestos adicionales por $ 42 que gravan los intereses ( que incluyen impuestos sobre la parte de intereses del dinero que pedí prestado para pagar impuestos!), por lo que los impuestos totales pagados suman $ 117 sobre un precio neto sin impuestos de $100. O sea, ¡pague 2,17 heladeras para comprar una! Así no hay plata que alcance y así la financiación es imposible que nos ayude a comprar los bienes que necesitamos, como sucede en los países normales del mundo. No incluimos aquí los impuestos pagados por los fletes necesarios (y sin incluir el “impuesto Moyano”), que sabemos son aproximadamente un tercio del costo del transporte, ya que no conocemos estos precios.
 
Si hiciéramos la misma cuenta con muebles, indumentaria, autos, pasajes, celulares, gaseosas e inmuebles ( no vivienda propia) pagaríamos sobre un precio neto de impuestos de $100 un total de impuestos de $130, o sea un costo total de $230, resultando esta vez que pagué por 2,3 autos y me quedó uno solo.
 
¿Y en qué proporción los impuestos son nacionales, provinciales o municipales? Aquí también haremos una simplificación con los números, pero sin perder rigurosidad. Sobre el total de impuestos pagados, los nacionales son el 45%, los provinciales el 33% y los municipales son el 22%. Ahora bien, considerando el régimen de coparticipación, y luego de las transferencias que supone, resultaría que los impuestos nacionales bajarían al 22% y los provinciales subirían al 56%, o sea que los impuestos nacionales resultan el 22% de la carga y los provinciales y municipales el 78%.
 
El gobierno nacional ha hecho mucho en la reducción del gasto y regulaciones, pero debido a su incidencia relativa menor y debido al régimen de coparticipación, si las provincias y municipios no bajan sus gastos y sus impuestos, la tarea no alcanza. Imposible cambiar el régimen de coparticipación sin acuerdo de las autoridades provinciales. Este es un régimen perverso y un mecanismo casi blindado para no poder ser modificado.
 
Pero la lucha recién empieza y hay que darla. Somos nosotros, los consumidores, los ciudadanos de a pie quienes debemos darla y exigir cambios a las autoridades.
 
A largo plazo la forma de defendernos no debe ser la informalidad y la evasión impositiva. Nos merecemos mucho más, y un lindo país donde vivir y trabajar en paz y sin exportar a nuestros jóvenes. Tenemos políticos ricos y ciudadanos pobres.


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