Eduardo Maschwitz
Presidente del Consejo de Administración de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre. Premio
a la Libertad 2007, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Mucho se habla hoy día de
la caída del consumo, del alto costo de los productos con relación a su valor
en otros países, de lo alto de las tasas de interés que impiden que el crédito
bancario motorice las ventas, y de la caída del salario real de las personas.
También está en pleno debate la enorme carga impositiva que padecemos los
argentinos, y que es también causa de la reducción del poder adquisitivo de la
población. La ineficiencia argentina ha logrado que todas estas afirmaciones
sean ciertas, y en forma conjunta hacen a nuestro país carísimo, y seguramente
seamos campeones mundiales de la autodestrucción.
No es intención de este
articulo tener una precisión exacta en las cifras que mostraremos, siendo su
intención acentuar ciertos conceptos, aunque si aclaramos, que en todos los
casos las cifras fueron obtenidas de buena fuente, como IARAF, IERAL y otros, y
los cálculos fueron simplificados para facilitar la comprensión, sin perder
confiabilidad.
No hay duda de que ser una
de las economías más cerradas del mundo provoca, entre otras desgracias, que se
reduzca notablemente la competencia entre oferentes, ocasionando la producción
de bienes caros y de baja calidad. La inestabilidad macroeconómica, la alta
inflación y la ausencia de moneda hacen inexistente el ahorro doméstico de
largo plazo e impide el desarrollo de un mercado financiero y de capitales que
ayude al crecimiento del país, y a fomentar el consumo. La bajísima inversión,
resultado del cepo cambiario, las regulaciones y la inestabilidad política,
impide la mejora del salario real.
Pero aquí queremos
explayarnos sobre el impacto de los impuestos en los precios de los productos,
y en el costo de la financiación bancaria (como motor del consumo) y como
impactan en el poder adquisitivo de las personas.
Siguiendo las fuentes
citadas, los impuestos significan aproximadamente entre un 40% y un 55% del
precio de un producto, y en un préstamos equivalen al menos a un tercio del
interés pagado y hasta más del 50% en ciertos casos. Las variantes tienen que
ver básicamente por distintas tasas municipales (las hay entre 7,8% y 0,2%),
los ingresos brutos (las hay entre 3% y 9%), impuestos internos y algún otro impuesto
especial.
¿Y qué hacer para
reactivar el consumo y como aumentar el poder adquisitivo? Mucho hay hecho con
múltiples desregulaciones y con la parcial apertura de la economía. Hoy las
personas pueden comprar toda clase de productos en el mundo a través de
plataformas que se ocupan de ofrecerlos, y ponerlos en la puerta de nuestras
casas.
Veamos ahora la carga
impositiva que tiene la compra de ciertos productos, realizada con financiación
bancaria. Si compramos electrodomésticos y alimentos a un precio neto de
impuestos de $100, pagaremos impuestos dentro del precio de $ 75 (43% del
precio total o 75% del precio sin impuesto) y como lo compraremos financiado,
tomaremos un préstamo por un monto de $175, a un interés del 60% , pagaremos
impuestos adicionales por $ 42 que gravan los intereses ( que incluyen
impuestos sobre la parte de intereses del dinero que pedí prestado para pagar
impuestos!), por lo que los impuestos totales pagados suman $ 117 sobre un
precio neto sin impuestos de $100. O sea, ¡pague 2,17 heladeras para comprar
una! Así no hay plata que alcance y así la financiación es imposible que nos
ayude a comprar los bienes que necesitamos, como sucede en los países normales
del mundo. No incluimos aquí los impuestos pagados por los fletes necesarios (y
sin incluir el “impuesto Moyano”), que sabemos son aproximadamente un tercio
del costo del transporte, ya que no conocemos estos precios.
Si hiciéramos la misma
cuenta con muebles, indumentaria, autos, pasajes, celulares, gaseosas e
inmuebles ( no vivienda propia) pagaríamos sobre un precio neto de impuestos de
$100 un total de impuestos de $130, o sea un costo total de $230, resultando
esta vez que pagué por 2,3 autos y me quedó uno solo.
¿Y en qué proporción los
impuestos son nacionales, provinciales o municipales? Aquí también haremos una
simplificación con los números, pero sin perder rigurosidad. Sobre el total de
impuestos pagados, los nacionales son el 45%, los provinciales el 33% y los
municipales son el 22%. Ahora bien, considerando el régimen de coparticipación,
y luego de las transferencias que supone, resultaría que los impuestos
nacionales bajarían al 22% y los provinciales subirían al 56%, o sea que los
impuestos nacionales resultan el 22% de la carga y los provinciales y municipales
el 78%.
El gobierno nacional ha
hecho mucho en la reducción del gasto y regulaciones, pero debido a su
incidencia relativa menor y debido al régimen de coparticipación, si las
provincias y municipios no bajan sus gastos y sus impuestos, la tarea no alcanza.
Imposible cambiar el régimen de coparticipación sin acuerdo de las autoridades
provinciales. Este es un régimen perverso y un mecanismo casi blindado para no
poder ser modificado.
Pero la lucha recién
empieza y hay que darla. Somos nosotros, los consumidores, los ciudadanos de a
pie quienes debemos darla y exigir cambios a las autoridades.
A largo plazo la forma de
defendernos no debe ser la informalidad y la evasión impositiva. Nos merecemos
mucho más, y un lindo país donde vivir y trabajar en paz y sin exportar a
nuestros jóvenes. Tenemos políticos ricos y ciudadanos pobres.