El presidente de los
EE.UU. está, literalmente, desordenando al mundo al punto que, el tradicional
activo refugio, el oro, ha pasado de grandes subidas a caídas de más de 2
dígitos semanales. Desde un máximo que superó los USD 5600 por onza troy hacia
fines de enero de este año, ha caído más de 20%, la bajada más abrupta -e
inimaginable- de su historia.
Ya decían los filósofos
griegos, que la violencia -cuyo monopolio se arrogan los Estados, creadores de
guerras y todo tipo de conflictos- es siempre contraria al ordenamiento
natural, espontáneo, del cosmos y, por tanto, desordenadora.
Trump, comenzó complicando
toda la economía global con sus aranceles que sus defensores definieron como
“estrategia geopolítica”. Pero, aunque esto fuera cierto, es una estrategia
como la de escupir al cielo ya que las tarifas son un impuesto a sus propios
ciudadanos y a ellos perjudica directa y principalmente.
Y ahora la guerra con Irán
que, obviamente, está perdiendo al punto que acaba de afirmar que el estrecho
de Ormuz será gobernado por él y el Ayatola, consolidando de este modo la
autoridad del régimen criminal en Irán.
Así las cosas, es
francamente imposible hoy intentar adelantar el resultado de cualquier
inversión en cualquier parte del mundo.
Pero cuidado, a pesar de
la debilidad táctica, el contexto de deuda elevada, la inflación y las tasas de
interés de referencia reales bajas, siguen respaldando al oro a medio y largo
plazo como refugio de valor por excelencia, como puede verse en el siguiente
gráfico que muestra su insuperable rendimiento más allá de la actual coyuntura:
En un contexto de elevada
tensión geopolítica, la debilidad del oro puede parecer contraintuitiva. Pero,
la reacción del mercado responde más a dinámicas de liquidez y posicionamiento
que a un cuestionamiento de su papel como activo refugio. En fases iniciales de
estrés financiero, los inversores suelen hacer caja y vender los activos con
mayores plusvalías para generar liquidez.
El oro, tras un fuerte
rally previo, es hoy una de las principales fuentes de caja para cubrir las
inesperadas pérdidas propias de la confusión de estos días. Este patrón, ya
observado en episodios como 2008 o la crisis creada a partir del COVID, implica
ventas generalizadas antes de que el mercado vuelva a seleccionar refugios. No
es que el oro deje de ser refugio, pero primero hay que solucionar la
inesperada crisis por la guerra y luego pensar a futuro.
Turquía, por caso, ha
acumulado importantes tenencias oficiales de este metal precioso durante la
última década, con reservas valoradas en aproximadamente USD 135.000 millones a
principios de marzo, y hoy estaría evaluando vender una parte para sostener su
moneda, la lira, según informa Bloomberg.
A ello se suma el fortalecimiento
del dólar, que está actuando como principal refugio en el actual escenario. La
relación inversa entre ambos activos sigue siendo determinante, ya que un dólar
más fuerte encarece el oro para los inversores internacionales y presiona su
cotización.
Además, el foco del
mercado se ha desplazado hacia la energía ya que las tensiones en el estrecho
de Ormuz han impulsado el precio del petróleo y reavivado el supuesto riesgo
“inflacionista”, atrayendo flujos hacia activos vinculados a la energía en
detrimento del oro. El mensaje implícito es claro: la preocupación dominante no
es financiera, sino energética, es decir, el mercado aumenta el precio de la
energía con el fin de desalentar su consumo a la vez que alentar nuevas
inversiones para su producción.
Ahora, este error
generalizado de confundir inflación con suba del IPC -que, por otra parte, es
un cálculo arbitrario según quién y cómo lo estime- lleva a políticas y
prácticas contraproducentes. La inflación no es la suba de precios sino la
inversa, la depreciación de la moneda como consecuencia de un exceso de emisión
en tiempo real.
El movimiento relativo de
precios es algo normal y bueno en el mercado. En este caso en particular,
insisto, la suba del crudo se da porque la oferta está complicada y, entonces,
al encarecerse promueve que se utilice menos y que se intente producir más.
Entre las políticas
erradas que promueve esta confusión, está la muy generalizada entre los bancos
centrales estatales de creer que, para bajar la “inflación” -la suba del IPC en
rigor- deben aumentarse las tasas de referencia lo que provocaría una contracción
en la oferta de dinero y, consecuentemente, en la suba de precios en general.
Pero este aumento, al ser
artificial no inducido espontáneamente por el mercado, lo que provoca es un
desajuste en las inversiones y el consumo ya que, las tasas de interés en un
mercado libre -como cualquier otro precio- arbitran dirigiendo eficientemente
la demanda y oferta de fondos.
Así las cosas, dada esta
falsa concepción sobre las tasas de interés, muchos inversores estiman que,
dada la coyuntura actual, las “expectativas inflacionarias” por aumento del
precio del crudo, la Fed las subirá “fortaleciendo” al dólar, en rigor, no lo
fortalece en absoluto, pero sí que lo hace más rentable y así reduce el
atractivo relativo del oro en el corto plazo.
Muchos analistas, entonces,
creen que, a corto plazo, no sería descartable que el oro continúe mostrando
volatilidad o un comportamiento lateral, en un mercado dominado por factores de
liquidez, “fortaleza” del dólar y evolución del precio del crudo. Sin embargo,
el escenario de medio y largo plazo sigue apoyando su papel estratégico dada la
combinación de deuda global elevada, compras estructurales por parte de bancos
centrales, presiones inflacionistas persistentes y tasas reales potencialmente
negativas que configuran un entorno favorable para el oro.
En fin, entre otros
comportamientos insólitos que han tenido los mercados financieros estos últimos
días ha sido que un grupo de «inversores» ha comprado contratos de futuros
sobre el S&P 500 por un valor de USD 1.500 millones, operación tan
voluminosa que hizo que todo el índice subiera un 0,3 % en ese mismo minuto, y
vendieron crudo por alrededor de USD 500 millones, como destacó el Financial
Times.
Un cuarto de hora más
tarde, Trump anuncia «conversaciones productivas» con Irán que resultaron ser
falsas pero que, en lo inmediato, provocaron que el índice bursátil se
disparara y estos “inversores” ganaran USD 60 millones en solo quince minutos.
Por cierto, algunos desconfiados sospechan que se trataría de “insiders”, es
decir, corrupción en el gobierno de los EE.UU. porque habrían utilizado
“información interna”.
Publicado en El Nuevo Diario, R. Dominicana.