Alejandro A. Tagliavini
Senior Advisor, The Cedar Portfolio. Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California). Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Desde niños nos
han hecho creer que la máxima autoridad en una nación es el Estado, los
políticos. Nos lo han inculcado desde que tenemos cuatro o cinco años en la
escuela, esa escuela que, precisamente, responde a programas de estudio
impuestos por los políticos y burócratas. Y, por si esto no fuera suficiente,
luego utilizan los medios, recursos e influencias del Estado para intentar
tapar las voces que los contradicen, como ocurre en la España de Pedro Sánchez.
Pero hete aquí,
por mostrar uno de tantos ejemplos de lo que ocurre normalmente en todos los
países, que después de los devastadores terremotos en Venezuela las fuerzas del
Estado y sus burócratas, no solo se han dedicado a dificultar cuando no impedir
la ayuda humanitaria, sino que han estado saqueando propiedades mientras las
personas morían por falta de rescate a tiempo.
Recordemos que la
ciencia de la moral es la que estudia las leyes de la naturaleza para lograr la
adecuación del hombre al orden del cosmos, de modo que se desarrolle
plenamente, y esto hace a la eficiencia, el movimiento hacia el ser. Y, por
cierto, todo ser humano quiere lograr su desarrollo pleno, la felicidad, la
perfección (el último fin, el bien).
De modo que las
personas seguirán de buen grado, a quien mejor los conduzca hacia y dentro del
orden natural, quien tenga más autoridad moral. Se trata del liderazgo por
influencia que todos siguen de buen grado en tanto los conduzca a un
mejoramiento personal ya sea espiritual, físico o profesional.
Por otro lado,
precisamente aquello que pretende desviar el curso natural, espontáneo del
cosmos, de la vida, es la violencia según ya la definían los griegos como
Aristóteles, que luego copia Santo Tomás entre muchos. De modo que la violencia
solo puede desordenar, destruir.
Y resulta que los
Estados modernos, en particular los políticos y burócratas, se arrogan el
monopolio de la violencia con el que recaudan impuestos –de otro modo
desaparecerían– e imponen leyes. La autoridad coercitiva está hecha,
precisamente, para violar el orden natural y sus leyes, para forzar el desvío
del desarrollo natural de la vida.
Así, el Estado,
en la medida en que es coactivo, es, en definitiva, una invención soberbia del
racionalismo que pretende imponer un orden por compulsión, una sociedad
artificial diseñada por el raciocinio del algún o algunos iluminados, que
suplante lo natural, y solo consigue destruir.
Decía San Agustín
en La Ciudad de Dios (Libro XIV, 28) que "dos amores fundaron dos
ciudades: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena (Civitas
Terrena); la celestial (Civitas Dei). Aquella se gloria en sí misma, esta en
Dios".
La autoridad moral,
aunque pretendan soslayarla, es la más respetada que existe, piense en su vida
diaria, las acciones más importantes que realiza las hace por razones morales
como el cuidado de su familia, en cambio, todos intentan legalmente y hasta
ilegalmente evadir impuestos y toda ley estatal. Según Isaac Asimov "la
violencia es el último recurso del incompetente", el recurso de quien no
puede liderar con razón.
Aldous Huxley, en
su obra La Filosofía Perenne, afirma que "las sociedades se mantienen, no
principalmente por el miedo de los más al poder coactivo de los menos, sino por
una difundida fe en la decencia de los demás", lo que resulta obvio pues
si todas las personas salieran a robar no habría policía capaz de contenerlas.
Es decir, es falso que las sociedades necesiten de un poder coactivo para vivir
ordenadamente.
Por nombrar
ejemplos a nivel global, internet que tantos cambios y beneficios ha traído,
fue el resultado de un desarrollo espontáneo sin gobierno central. Pero no es
un caos, por el contrario, mejora notablemente el acceso de todas las personas
a la información y expresión, transparentando y agilizando todo de modo que
mejora la organización social.
Un caso
interesante, con todos sus errores propios del hombre que no es perfecto, es la
enciclopedia más utilizada, Wikipedia, que "no es un experimento de
anarquía" como ella misma define. Efectivamente, la anarquía es
precisamente lo contrario al ordenamiento natural que sí reconoce jerarquías y
no cree en la violencia (la coacción), que utiliza el anarquismo (y el
estatismo) para imponer su utópico mundo sin jerarcas.
En Wikipedia
cualquiera puede escribir y editar, y los millones de usuarios se autorganizan
por consenso, mostrando como un orden productivo y divertido, surge
espontáneamente de las personas no coaccionadas.
En fin, si hay
algo que deja en evidencia la experiencia de esta red, internet es que no es
cierto que la autoridad deba ser coactiva, al estilo militar. La increíble
evolución que está provocando se desarrolla sin ningún burócrata estatal a
cargo, trabajando solo personas, naturalmente libres, quienes, en ocasiones, se
ponen de acuerdo. Aunque está dirigida, como toda acción humana, por la
naturaleza de las cosas, por la ley natural, por el orden natural que supone un
liderazgo moral de hecho, el liderazgo de aquellos que verdaderamente pueden
aportar cosas útiles a esta evolución espectacular.
Publicado en Libertad Digital.