Elena Valero Narváez
Historiadora, analista política y periodista. Autora de “El Crepúsculo
Argentino. Lumiere, 2006. Miembro de Número de la Academia Argentina de Historia.
Mientras
se mantenga el rumbo trazado por el presidente Javier Milei, que implica llevar
a cabo una profunda reforma económica y social con sus correlaciones jurídicas
y políticas, hay muchas posibilidades que Argentina salga adelante.
Esperamos
que se tenga en claro las lecciones anteriores donde el remedio no era terminar
con la inflación sino en tratar de reprimirla. La raíz de los problemas estuvo
en los métodos gradualistas a través de
los cuales se pretendió contenerla. Si la presente gestión fracasara dada la
situación en que el anterior gobierno dejó al país, o por errores de ejecución, las consecuencias serian preocupantes. El Gobierno
ha tenido algunos inconvenientes, los más por una oposición cerrada en el
Congreso que ha retardado los proyectos que necesitaban temprana solución. Ello
ha hecho perder tiempo, pero si se cambiara la actitud por otra de mayor
sintonía con la parte de la oposición que desea el bien del país, todo podría mejorar.
Se está haciendo esperar una profunda reforma
tributaria y previsional, ambas son clave en emergencias como ésta, se debería
realizar con políticas globales y de
aplicación simultanea. En la Argentina se han cometido errores económicos
fundamentales durante décadas, dañaron profundamente la economía, desintegraron
la trama social, y desplegaron una mentalidad proclive a la corrupción. Al Gobierno hay que reconocerle que está
tratando de revertir, como lo hizo Carlos Menem, esa fatal situación, la expectativa es que sea
con una durable estabilidad monetaria. Necesita de una amigable respuesta de
parte de la oposición y de los
argentinos.
La
inflación, y más aún la inflación reprimida, trajeron enormes perjuicios para la sociedad,
perjudicó a quienes tenían renta fija: pensionados,
jubilados, asalariados y en general, a
quienes tenían ingresos bajos y habían sufrido mucho más el aumento de los
precios de bienes esenciales. Ello aumentó los reclamos de los sindicatos que vieron
los efectos desestabilizadores que provocaba
al diferenciarlos tanto de quienes tenían ingresos mayores. Sus reclamos,
junto a otros sectores que también exigían,
provocaron desestabilización y contribuyeron a aumentar la inflación. Este mal tan temido
por los países que la sufren o han sufrido es lo que bien se llama “un impuesto
al pobre”, influye también sobre el funcionamiento de la democracia, la cual es pervertida por los efectos
inflacionarios que opera sobre grandes masas sociales, especialmente sobre las necesitadas de apoyo y
protección. Los gobiernos argentinos, salvo excepciones, como fueron los de Arturo Frondizi, el de Carlos
Menem y ahora el de Javier Milei, poco han hecho para atacarla de raíz, no
combatieron las causa sino los efectos, por lo cual se repitió una y otra vez.
La inflación siempre se aproxima a acciones y reacciones que provocan desorden,
marginalidad, las cuales generalmente desembocan en situaciones insostenibles: por
lo general una sociedad cansada de padecerla busca un gobierno fuerte, casi
siempre una dictadura, para contener el
desborde que provoca. Brasil, Chile, Argentina fueron muestras significativos
de lo anteriormente expresado.
Hoy en
día tenemos ejemplos que nos muestran que con sacrificio de gobiernos y
ciudadanos se puede controlar, a eso apunta la política del Gobierno y es lo
que habría que apoyar. El gran ejemplo de que se puede, con sacrificio, nos lo dio,
con políticas liberales, Alemania,
después de vivir en profundidad los estragos de la inflación: nadie sabía cuánto
valían las cosas, el caos tomó formas cada vez peores, los precios subían en
forma arbitraria, todo el que podía
compraba, aunque no lo necesitara, para revenderlo a precios inimaginables. Se relajó
la moral, el que tenía deudas se vio libre de ellas, especular, sobornar, aprovecharse, se convirtió en una rutina. Ante la
evaporación del dinero, todo consistía
en ser el más hábil y
desconsiderado, en pescar en rio revuelto. Ante las necesidades extremas, para
alimentarse la gente debía comprar un producto, antes de precio muy bajo, a precios exorbitantes. Se empobrecieron ricos
que habían trabajado toda su vida y resultaron millonarios grandes especuladores.
Por la inflación, buena parte de la sociedad
vivió alejada de la moral, la economía colapsó,
la pobreza los desabrigó.
Hoy se está intentando dejar atrás el peligro
de la hiperinflación cambiando el modelo intervencionista, dirigista, e inflacionario, por una economía de mercado la cual necesita
de un ambiente donde reine la libertad, la democracia, para poder subsistir. Sin embargo,
últimamente, se está produciendo un ruido por errores y actitudes, que en vez
de dar tranquilidad traen inquietud hacia un futuro, sobre todo en el manejo
que se pretende hacer de la Justicia. Para llegar a un segundo mandato se van a
necesitar de más respeto por las instituciones, más transformaciones, acercar a los que pueden
ayudar, reconquistar a quienes por una u otra causa se dejaron atrás aun siendo
del mismo palo y plasmar un frente con
ideas semejantes para ir unidos hacia las futuras elecciones. Ayudaría,
también, una actitud personal del Presidente,
más tolerante y empática con quienes no
piensan exactamente como él. Es lo que
la gente en general desea, se podría
lograr con unos cambios en la política, el plano más débil del Gobierno.
Por
otra parte, hay detractores fanáticos contra la figura de Milei que no piensan
ayudar a que se cumplan las metas de reformas estructurales. Desde ya están
viendo de qué manera poner piedras en el camino. No es justo, por lo general
son personas que no han vivido épocas inflacionarias en toda su dimensión y no
valoran el esfuerzo que se está haciendo en este combate a muerte. Al pan, pan, y
al vino, vino: está bien mostrar los errores unidos a soluciones, pero también los aciertos, que han sido grandes, a pesar de un sector de la población
fanatizada por los subsidios y dadivas que un gobierno irresponsable les
ofreció para luego sumirlos en una crisis que costará bastante abandonar.
No
habría que enamorarse de los problemas sino de las soluciones. Dar importancia
a los aspectos positivos por la trascendencia que implican, sin por ello dejar de hacer las críticas
necesarias para que no se modifique el rumbo prometido, dejando de lado las
amonestaciones insidiosas de los que creen que un Gobierno puede satisfacer
todas las expectativas. Por supuesto sin
transar en lo que signifique alejarse de la doctrina liberal y que comprometa el buen rumbo, por el
contrario, debe ser la guía de un buen
gobierno. Apoyar no significa dar un cheque en blanco..
No es
hora de buscar correcciones parciales Se tendría que llegar al fondo de los
problemas, no lo pueden hacer ni radicales ni peronistas, ya que ellos fueron
los responsables por sus ideas de la crisis. La meta debería consistir en
descartar intentos socialdemócratas y
pararse frente a verdaderas soluciones: liberar la economía de mercado y abrir
el país a la competencia y a las finanzas internacionales, privatizar todas las
empresas del Estado y defender la estabilidad monetaria. No se tendría que
olvidar la experiencia menemista: en 1994, en el segundo mandato del ex
presidente Menem, el rumbo liberal se desmayó, reapareció el déficit del
presupuesto nacional, dejando atrás el impulso liberal y paralizando la gran
transformación iniciada. . Al suprimir la emisión no hay remedio, caen las
actividades, fabricas, y empleos desarrollados artificialmente al compas del
impulso de la inflación. Aunque estamos progresando la recesión todavía afecta
a algunos sectores y el desempleo es aún difícil de bajar. Recuperar la
economía no se da de la noche a la mañana. La impaciencia en este caso es un
enemigo.