Defendiendo la
Libertad en Argentina
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La falacia de la independencia del BCRA

Alejandro A. Tagliavini
Senior Advisor, The Cedar Portfolio. Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California). Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
                         Casi tres años después de hacer campaña para «volar» el Banco Central de la República Argentina (BCRA), el presidente argentino hoy lo está fortaleciendo, acumulando reservas y ahora con esta nueva carta orgánica que lo relanza.
                         Su proyecto de ley «Grillete Fiscal», supuestamente destinado a impedir que se aprueben o mantengan presupuestos con déficits fiscales, que podría tener consecuencias para los políticos no es más que propaganda ya que los déficits pueden ser disimulados con “contabilidad creativa”.
                         Por cierto, Tyler Durden en el prestigioso sitio ZeroHedge recuerda que ya Warren Buffett había lanzado esta idea en el año 2011 cuando dijo que se «podría acabar con el déficit en cinco minutos… Simplemente hay que aprobar una ley que diga que cada vez que haya un déficit superior al 3% del PIB, todos los miembros en activo del Congreso quedan inelegibles para la reelección.»
                         Según el anuncio presidencial, los resultados de la cartera del BCRA solo podrán transferirse al Tesoro para la cancelación de la deuda, así supuestamente la estafa de las Letras No Transferibles sería eliminada.
                         Y todo este conjunto presentado aseguraría que Argentina no pueda sostener un presupuesto deficitario.
                         Ahora, como afirma Roberto Cachanosky “la propuesta… es prohibirle al BCRA financiar al tesoro con emisión monetaria (pero) puede hacerlo como lo hizo en el pasado. El tesoro emite bonos que se los compra el BN u otro banco estatal… recibe los pesos para financiarse. Luego el BCRA emite pesos para comprarle los bonos al banco estatal y restituirle la liquidez. Conclusión, el BCRA puede usar un camino indirecto para financiar el déficit fiscal con emisión monetaria.”
                        El presidente argumentó que el BCRA ha funcionado como «una herramienta para el robo» e indicó que su propuesta de reforma busca «poner fin al fraude de falsificación de dinero para financiar la política de alto nivel, cuya manifestación más evidente es la tasa de inflación.» Insólito ya que, como puede verse en el siguiente gráfico, el gobierno por propia iniciativa sigue sosteniendo una “inflación” (aumento del IPC, en rigor) entre las más elevadas del mundo:
                     El plan actual del Ejecutivo dice reforzar la independencia de la “autoridad monetaria”, supuestamente dificultando que las futuras administraciones los destituyan.
                     A ver. Un principio básico del mercado natural, de la naturaleza social, de la naturaleza al fin de cuentas es que las personas se comprometen con quienes los financian. De otro modo el mercado no podría existir, por casos, si los empleados no respondieran a sus jefes o los proveedores no entregaran la mercadería a quién la pagó. Como digo es ley natural, espontánea, del cosmos, ergo, no se puede alterar y quién lo intente sencillamente estará yendo contra el orden natural y, por tanto, tendrá patas cortas. Sería como intentar ir contra la ley de gravedad.
                    Por cierto, que el BCRA se “financia a sí mismo” como suele argumentarse es una falacia, es como decir que un empleado retira su sueldo de las comisiones que el mismo ingresa a la empresa en cuyo caso, claramente, no se está autofinanciando ya que esas comisiones son fruto de la actividad dentro de la compañía. Los ingresos del BCRA son posibles gracias a que el Estado le garantiza el monopolio monetario, ergo, el propietario real de esos ingresos es el Estado que se los deja contabilizar.
                   Un análisis interesante, aunque no del todo acertado, al respecto puede verse en el artículo “No, the Fed Is NOT Independent—It Is a Creature of Congress” escrito por Yeva Nersisyan y L. Randall Wray.
                   En cualquier caso, Milei se olvidó de un punto crucial. El BCRA no solo daña a la economía emitiendo en exceso sino fijando tasas de interés.
                   Las tasas deberían ser determinadas por el mercado, según sus necesidades para trabajar con eficiencia, y distribuir de manera eficaz los recursos financieros de la sociedad, repartiendo el capital entre los distintos actores de acuerdo con el resultado de sus inversiones. Por caso, un empresario que logre una TIR del 10% estaría dispuesto a pagar un 5% de interés con tal de expandir su negocio, atrayendo a aquellos inversores que no logran conseguir el 5% por sus capitales.
                   Y, ciertamente, es la sociedad -el mercado- la que determina, finalmente, en dónde se debe invertir. Por ejemplo, si se necesitan más zapatos, aumenta la demanda provocando una suba de precios que habilita una mayor TIR a los fabricantes. Este mecanismo natural virtuoso, hace que las necesidades más básicas, ergo, más demandadas -como la comida, la salud, etc.- sean las primeras en cubrirse con la mayor eficacia posible. Entendiendo por eficacia, el mejor abastecimiento con la mejor relación calidad/precio.
                  Pero hoy las tasas son, básicamente, determinadas por el BCRA (su tasa de política monetaria de referencia se ubica actualmente en la friolera del 29,0% TNA) para su moneda -el peso- que es monopólica por la sencilla razón de que necesita de ese monopolio para poder financiarse y subsistir.
                  Por cierto, si los Estados compitieran en el mercado como cualquier empresa privada, acabarían desapareciendo, quebrando, dada su intrínseca ineficiencia en todas las actividades que desarrollan. Ineficiencia que surge del hecho de que no ganan por servir mejor al público, con mejores productos y servicios, ni corren el riesgo de quebrar por mal desempeño, sino que obtienen coercitivamente (por vía impositiva) los recursos que caprichosamente se les antoja. Irónicamente, si un impuesto baja, a la menor recaudación lo llaman “costo fiscal”.
                 Por otro lado, estos burócratas, al ser incapaces de trabajar en tiempo real deciden con anticipación tasas o muy altas o bajas, para cubrirse, provocado o una recesión o un repunte de la inflación.
                  Por cierto, dicho sea de paso, quienes niegan que el mercado es necesariamente un “mecanismo” que trabaja naturalmente en tiempo real no pueden explicar el hecho de que los precios no son otra cosa que un transmisor de información.
                    En el caso que vimos, si la sociedad necesita zapatos, aumenta su demanda subiendo el precio y este precio llama la atención de otros empresarios que inmediatamente se vuelcan a producirlos. Si no trabajara en tiempo real, para cuando el precio suba, y los empresarios decidan aumentar la producción, encontrarían un mercado saturado provocando pérdidas a todos.
                    La elevada morosidad de las familias argentinas hoy se debe claramente al deterioro de sus ingresos y así, difícilmente, el consumo, ergo, la macro pueda mejorar. Los datos oficiales del BCRA muestran que la morosidad entre los créditos que toman los hogares pasó del 2,5% al 12,8% en los últimos 20 meses. La línea que muestra la peor performance es la de préstamos personales, donde el 15,9% del financiamiento tiene atrasos en los pagos.
                     Como puede verse en el siguiente gráfico, el spread entre préstamos personales y plazos fijos (y adelantos) es descomunal, precisamente debido a la alta morosidad en los primeros. 
                        Nótese que el rendimiento de los plazos fijos no alcanza a cubrir la “inflación” (suba del IPC, en rigor) estimada por el REM del BCRA en 22,3%.
                       Pero, atención, esto recién empieza. Econométricaestimó que el costo financiero total anual de los préstamos personales asciende al 82,8% en términos nominales y al 122,7% en términos efectivos, sencillamente impagables. En el siguiente gráfico puede verse el desglose:
                         Ciertamente, bajar impuestos y eliminar los encajes bancarios sobre los depósitos a la vista, que en Argentina ascienden al 45%, ayudaría mucho a bajar la CFTNA y la CFTEA.



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