Elena Valero Narváez
Historiadora, analista política y periodista. Autora de “El Crepúsculo
Argentino. Lumiere, 2006. Miembro de Número de la Academia Argentina de Historia.
El
reconocido filósofo y economista, Ludwig
Von Mises, define al liberalismo como una teoría que se interesa,
por el progreso externo, el bienestar
material de los humanos, sin ocuparse de
sus necesidades metafísicas, o espirituales. Considera que la felicidad pertenece
al mundo interior del hombre, es una
construcción personal. Pero no por ello el liberalismo desprecia la riqueza espiritual, intenta
procurar el bienestar material, los
recursos externos, para que el hombre
pueda desarrollar su vida interior. No es una religión, ni una filosofía universalista,
tampoco un partido político. Es una doctrina, pura teoría científica sobre el
comportamiento de la sociedad humana, que intenta ilustrar a la gente acerca de
la conducta cívica que más beneficia a todos. Ofrece exclusivamente aquello que
se puede alcanzar mediante la convivencia social: minimizar el malestar,
incrementar en todo lo posible la calidad de vida del mundo entero, llegar al
fondo de la verdad en el terreno que le interesa agudizando sus armas
dialécticas para persuadir a lo gente que admita sus principios y de esta
forma, la única posible, estos acaben prevaleciendo.
El
liberalismo no afirma que el hombre tenga que comportarse solo de manera
inteligente, lo que asegura es que a los humanos, en aras de su interés, les conviene actuar de modo racional. En el
entorno de lo político y social, los asuntos a tratar son de naturaleza puramente humana, por lo
tanto deberían, nos asegura el agudo
economista, ser abordados solo por
los cauces que marca la razón. Recurrir
a misticismos, como en todas las
cuestiones prácticas, es considerado por Mises un grave error. Aunque jamás
llegaremos a develar los secretos últimos y más profundos del universo, ello no
quita que podamos recurrir a los muchos y adecuados recursos que tenemos para
conseguir muchas de nuestras necesidades, como alimento y vestimenta. Alega, que por la misma razón, debemos organizar la
sociedad de acuerdo con aquellas normas que en mayor medida permitan alcanzar
los fines al que el hombre aspira. Mises cree,
por ejemplo, que el Estado y el orden legal, el gobierno y la
administración pública, no son de importancia tal como para atemorizarnos y hacernos
renunciar a someter a tales instituciones a la prueba de la racionalidad.
Por lo mismo, como dijimos, alienta a
que los problemas que plantea la política social sean resueltos con los mismos métodos que se emplean para
resolver los asuntos científicos: mediante la reflexión racional y la oportuna
observación de las circunstancias del momento.
Desde
el punto de vista histórico el liberalismo ha sido el primer movimiento
político que quiso promover, no el bienestar
de determinados grupos, sino el general.
Difiere del socialismo, el cual proclama
el mismo objetivo, en los métodos empleados. La actividad
racional se diferencia de la irracional en que implica momentáneos sacrificios,
estos son aparentes pues quedan
ampliamente compensados por las favorables consecuencias posteriores. Von Mises
nos describe al demagogo socialista
quien se aprovecha de esta situación: ataca al liberal que pide provisorios sacrificios,
tildándolo de enemigo del pueblo, carente de corazón, mientras se erige en gran
defensor de las masas. Sabe como tocar su fibra sensible describiendo tragedias y miserias, de este
modo pretende justificar sus planes de consumo de capital, política antiliberal que amplía la provisión
presente a costa de la futura; como resultado la gente paga un enorme precio por una momentánea gratificación.
El político antiliberal promete ventajas
personales a todos sus votantes y seguidores: mejores precios a oferentes y
productores, y al mismo tiempo reducción del costo de vida a los consumidores,
elevación de retribuciones a los funcionarios y también disminución de la carga
fiscal. Acepta cualquier gasto suplementario que cualquiera demande, asegurando
que será financiado por “los ricos”. A todos halaga, a nadie rechaza, prometiendo dádivas por
doquier frente al candidato liberal
quien solo puede decir que todo favor o privilegio es antisocial. No promete
favor particular a nadie, a todos exige
cierto sacrificio en nombre de la convivencia social, lo que será compensado, en un futuro cercano, con mayores y más duraderas ventajas. Los
liberales han proclamado siempre que de la eliminación de castas, estamentos, y
privilegios, y del establecimiento de la igualdad ante la
ley, surge ineludible la pacifica cooperación social, pues no tardan en
coincidir los auténticos intereses de todos. Hablar, nos dice el gran
economista, de dureza de corazón frente a filantropía es cínico y deshonesto.
Esto no es aplicable solo a muchos de nuestros
actuales periodistas y políticos, viene de antiguo.
Habitualmente
se le endilga, erróneamente, al liberalismo, la pobreza y estrechez que hay en el Mundo. Lo
rebate Mises asegurando que no es un argumento válido contra el liberalismo,
pese a que muchos, por ignorancia, lo creen. Por el contrario, esas penurias son
las que el liberalismo se empeña en suprimir, proponiendo los únicos remedios
eficaces, siendo imposible demostrar lo contrario, ya que con políticas socialistas esos males
son mucho peores. Asevera que cuando la
institución de la propiedad privada es perturbada y entorpecida, en contra de lo que todos los liberales patrocinan,
carece de sentido atacar al liberalismo sobre la base de que la situación no es
tan buena como se desea.
Para valorar los triunfos liberales y capitalistas no hay más
que mirar hacia atrás y comparar la historia económica de los países prósperos actuales
con épocas pasadas. Como afirma Mises: solo la deducción teórica puede
advertirnos de cuanto más el liberalismo y el capitalismo hubieran podido
conseguir si se les hubiera dado rienda suelta en el cabalgar histórico.
Toda
la actual riqueza proviene del funcionamiento de instituciones típicamente
capitalistas. El Capitalismo basado en la propiedad privada, el mercado y la
producción en masa, predomina en las sociedades
abiertas. La producción masiva no solo procura comida, habitación y vestimenta
a los más humildes sino que atiende otras muchas necesidades populares.
La
gente, pese a tanto lavado de cerebro, sigue viendo cierta asociación entre liberalismo y capitalismo con la palabra libertad,
es por ello que los escritores antiliberales, como nos enseña Mises, no atacan tanto al liberalismo, prefieren atribuir
al capitalismo todos los males que le atribuyen a aquél. Eso es, porque la palabra capitalismo evoca en la
gente la figura de un patrono sin
entrañas que no piensa más que en su
propia riqueza, aunque sea a costa de
los demás. Solo una minoría advierte que el sistema liberal deja el camino libre a empresarios y
capitalistas, permitiéndoles enriquecerse si atienden lo mejor posible las
necesidades de la gente.
El
liberalismo no trabaja a favor de grupo alguno, sino en interés de la humanidad
entera: si hay empresarios favorables a políticas proteccionistas, ello es
consecuencia del antiliberalismo, nada tiene que ver con la doctrina liberal,
cuyos fundamentos son la libertad, la propiedad privada, el mercado, la paz, la
igualdad ante la ley, la ética y la democracia.
Para
muchos el socialismo es un divino elixir
frente a la adversidad, sin embargo exige a sus seguidores una disciplina política
absoluta, para acabar pagándoles con
esperanzas fallidas e inalcanzables promesas. La cura que propone Mises es reconocer la realidad de la vida, el que
cada cual soporte su propio destino, que no cabe hallar chivos expiatorios y
que es preciso percatarse de las inconmovibles leyes que rigen la cooperación
social.
Hace
unos días Mauricio Macri y el Gobierno se reunieron frente a las elecciones del
año que viene. Tanto el PRO como la Libertad Avanza, más allá de algunos
lamentables choques, tienen la intención de que las políticas de base liberal
embista eficientemente al sistema de base socialista anterior. Ojalá la mesura
y las negociaciones avancen, se dejen atrás los egos y trabajen en una alianza
electoral por el bienestar de todos los argentinos. La luz que Von Mises
derrama desde sus escritos los guie en la construcción de un futuro mejor.