Martín Simonetta
Es Director Ejecutivo de Fundación Atlas para una Sociedad
Libre. Profesor titular de Economía Política I en UCES) y de Economía en Cámara Argentina de Comercio. Autor
de diversas obras. Fue elegido "Joven Sobresaliente de la Argentina
2004" (The Outstanding Young Person of Argentina-TOYP) por Junior Chamber
International y la Cámara Argentina de Comercio (CAC), habiendo obtenido la
mención "Animarse a Más" por parte de PepsiCo. Recibió diversos
reconocimientos tales como la beca British Chevening Scholarship para
desarrollar investigaciones en Gran Bretaña (British Council, la Embajada
Británica y la Fundación Antorchas,1999). Miembro del Instituto de Política Económica de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Académicamente es Licenciado en Relaciones Internacionales (Universidad del
Salvador, Buenos Aires), Magister en Política Económica Internacional
(Universidad de Belgrano), MBA (U. Isabel I, España), habiendo realizado un Posgrado en Psicología
Positiva (Fundación Foro para la Salud Mental). Ha desarrollado el programa
"Think Tank MBA" en el marco de Atlas Economic Research Foundation
(Fairfax, Virginia, y New York, NY, 2013).Contacto: mcjsimonetta@gmail.com / Twitter: @martinsimonetta
Detrás de cada
intervención financiera internacional suele encontrarse una lógica de intereses
estratégicos. Y el reciente salvataje de Estados Unidos a Japón —estimado entre
los 5.000 y 10.000 millones de dólares— no es la excepción. Lejos de responder
a un mero acto de altruismo, esta jugada pone de manifiesto la compleja red de
equilibrios macroeconómicos, tensiones geopolíticas y desafíos demográficos que
condicionan el destino de las potencias globales.
El dilema de la
deuda y el resguardo del Tesoro estadounidense
Para comprender
la naturaleza de la asistencia, primero hay que mirar las cuentas internas de
Tokio. Japón ostenta la mayor carga de endeudamiento entre los países
desarrollados, con una relación deuda/PIB que ronda el 250 %. Este
desequilibrio es el síntoma de un problema estructural profundo: una población
crecientemente envejecida, una elevada esperanza de vida que se conjuga con una
tasa de reproducción sumamente baja, las que jaquean la sostenibilidad fiscal y
previsional a largo plazo.
Sin embargo, el
factor de urgencia es netamente financiero y afecta también de manera directa a
la primera potencia mundial. Japón es el principal tenedor extranjero de deuda
de los Estados Unidos (superando incluso a China en el plano global). Ante una
eventual crisis cambiaria o de liquidez, un escenario inminente podría implicar
que Japón deba desprenderse masivamente de bonos del Tesoro estadounidense para
hacerse de fondos. De producirse tal situación, una liquidación de esa escala
desplomaría el precio de la deuda americana, forzando a Washington a adoptar
medidas de emergencia sumamente costosas. En este contexto, para la
administración estadounidense, inyectar algunos miles de millones de dólares
para sostener el yen parece resultar una alternativa considerablemente más
económica que absorber el riesgo de un colapso del mercado de sus propios
bonos.
Geopolítica de
bloques: la contención en el Pacífico
Pero, el tablero
trasciende con creces la hoja de balance contable. En el plano estratégico
global, Japón funciona como una punta de lanza y un aliado fundamental de los
Estados Unidos en Asia-Pacífico, en estrecha sintonía con Corea del Sur.
En tal contexto,
la ausencia de China en este rol de socorro no es casual ni anecdótica. La
rivalidad económica y geopolítica entre Beijing y Tokio expone una disputa
descarnada por la hegemonía regional. Permitir la caída o el debilitamiento de
un socio tan crítico habría significado ceder terreno estratégico vital frente
al avance de la influencia china. La estabilidad política, económica y militar
de Japón es, por lo tanto, una línea roja que Washington no puede permitirse
atravesar.
Espejos
divergentes: Japón y Argentina
Al analizar los
modelos de desarrollo económico, resulta inevitable trazar paralelismos y
contrastes extremos. Los analistas suelen contraponer dos realidades
paradigmáticas: por un lado, la de Japón, una suerte de “isla” con recursos
limitados, una superficie reducida —apenas el 13% de la de Argentina— pero con
un PIB por habitante extraordinario y una hiperproductividad forzada por la
escasez de recursos naturales; por el otro, economías como la Argentina,
caracterizadas por una enorme riqueza en recursos naturales pero con
persistentes dificultades para consolidar un sendero de desarrollo sostenido.
Mientras Japón evolucionó desde un modelo de producción fabril hacia una
economía madura centrada en servicios financieros y tecnológicos de alto valor
agregado —convirtiéndose hoy en una plaza sumamente costosa para la inversión
productiva directa—, Argentina lidia con desafíos de índole completamente
distinta.
Japón: apoyo en
el corto a un aliado en el largo plazo
El rescate a
Japón no es sólo una operación cambiaria para evitar la depreciación de una
moneda o calmar los riesgos de un carry trade. Es la radiografía de un mundo
interconectado donde la debilidad demográfica de una nación desarrollada puede
sacudir los cimientos del sistema financiero global.
Demuestra que, en
la alta política internacional, la supervivencia de los aliados históricos se
cuida con chequera y estrategia, porque un colapso en el Extremo Oriente puede
transformarse, en cuestión de horas, en una crisis puertas adentro de Wall
Street.
Publicado en INFOBAE.